¿QUÉ ES LA PLASTICIDAD CEREBRAL?
La neuroplasticidad, también conocida como plasticidad
cerebral o neuronal, es el concepto que hace referencia al modo en el que
nuestro sistema nervioso cambia a partir de su interacción con el entorno.
Además, la plasticidad neuronal no es algo que tarde mucho en
producirse: ocurre de manera constante, en tiempo real, e incluso mientras
dormimos. Constantemente estamos recibiendo un torrente de estímulos y estamos
emitiendo un flujo constante de acciones que modifican el entorno, y todos
estos procesos hacen que nuestro encéfalo se vaya modificando.

¿CÓMO OCURRE LA PLASTICIDAD CEREBRAL?
La neuroplasticidad se basa en el modo en el que las neuronas
de nuestro sistema nervioso se conectan entre sí. Tal y como descubrió el
médico español Santiago Ramón y Cajal, el cerebro no está compuesto por una
maraña de células compactadas que forman una sola estructura, sino que son
cuerpos microscópicos con autonomía y físicamente separadas las unas de las
otras que, van mandándose información sin llegar a unirse entre sí de manera
definitiva. Son, en definitiva, individualidades morfológicas.
Por ejemplo, si las neuronas que se activan cuando reconocemos
los patrones visuales de una tableta de chocolate se "encienden" a la
vez que las que se activan cuando experimentamos el sabor de lo dulce, ambos
grupos de células nerviosas se conectarán un poco más entre sí, lo cual hará
que nuestro cerebro cambie aunque sea un poco.
¿TIENE ALGUNA FINALIDAD ESTA CAPACIDAD DE NUESTRO SISTEMA NERVIOSO A LA HORA DE SER MOLDEADO POR NUESTRAS EXPERIENCIAS?
En realidad, no; es un
simple producto de la evolución que, durante cientos de millones de años, ha
ido tallando nuestro encéfalo y haciendo que tenga ciertas propiedades.
En realidad, la plasticidad cerebral es lo opuesto a un diseño
creado para alcanzar objetivos concretos, ya que en vez de volver nuestra
conducta algo estereotípico y predecible, hace que sea increíblemente compleja,
conectada con los múltiples detalles del contexto en el que vivimos y
dependiente de nuestras experiencias pasadas.
La plasticidad cerebral hace que nuestra capacidad de
adaptarnos a situaciones cambiantes sea muy alta, ya que podemos lidiar con
buena parte de los problemas nuevos ante los cuales la evolución no ha tenido
tiempo de generar un mecanismo de adaptación mediante la selección natural.
Las implicaciones personales
Más allá de este frío análisis basado en el crecimiento de la
población humana, que no tiene por qué corresponderse con el valor personal que
le podamos atribuir a la neuroplasticidad, también podríamos decir que buena
parte de nuestra capacidad de ser felices depende de esta característica de
nuestro sistema nervioso central.
Sin plasticidad cerebral no podríamos crear ideas abstractas
necesarias para generar una memoria autobiográfica que nos permita ser
conscientes de nosotros mismos, ni podríamos aprender de nuestros errores ni,
en general, disponer de aquello que llamamos "vida mental". La
plasticidad cerebral es un componente tan básico del funcionamiento normal de
nuestro encéfalo que sin él seríamos lo más parecido a un robot de cadena de
montaje que nos pudiésemos imaginar.
Resiliencia y bienestar
Al mismo tiempo, la plasticidad cerebral hace que seamos muy
buenos a la hora de desarrollar resiliencia, que es nuestra capacidad de
superar situaciones muy duras. Por ejemplo, se sabe que la percepción de
bienestar subjetivo no mengua significativamente a medida que envejecemos
alejándonos del momento de nuestro nacimiento, lo cual indica que a pesar de
todos los golpes que nos puede dar la vida estos no "se acumulan" ni
comprometen nuestra felicidad de forma crónica. Este mantenimiento en el nivel
de bienestar se produce gracias a la capacidad de nuestras neuronas a la hora
de reorganizarse entre ellas del modo más conveniente, incluso cuando la edad
hace que muchas de ellas vayan desapareciendo.

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